Hace unos días, Jaqueline van Rysselberghe anunció que iba a perseguir con todo el rigor de la Ley a quienes hubiesen robado televisores de plasma y lavadoras. Como es obvio, no hay otras prioridades para la autoridad pública: castigar a los que osaron asaltar los sacrosantos Mall es ineludible para restaurar la Ley y el orden, así como para reconstruir el país.
Desafortunadamente, me temo que no se perseguirá con todo el rigor de la Ley a las constructoras que incumplieron la normativa antisísmica (varias empresas españolas inclusive), fueron negligentes con la edificación, ni tampoco se exigirá al Estado todo el rigor de sus competencias para indemnizar y reparar a los afectados. Es cierto que se trata de mis sospechas, pero en el nuevo Gobierna de Piñera ya ostentan cargos de responsabilidad promotores y empresarios presuntamente responsables de incumplir la normativa antisísmica. Como todo el mundo vaticina, Chile camina hacia la senda de Argentina e Italia: interminables conflictos de intereses entre los representantes públicos y sus negocios privados.
Por otra parte, me temo que tampoco sabremos con cifras exactas cuánto pillaje real hubo y cuánta construcción mediática del fenómeno. Supongo que el número de muertos producido por el vandalismo y por la represión policial si se conocerá con certeza en algún momento, pero puede que las cifras no sean correctamente interpretadas.
Después de Canada, Chile es el país más seguro del hemisferio. Es mucho más seguro que EUA e incomparablemente más seguro que cualquiera de la región. Sin embargo, los chilenos están convencidos de vivir en un país infestado de malvados ladrones de clase baja sin escrúpulos e intrínsecamente perversos. Sin negar que la maldad humana sin paliativos existe en todos los lugares del mundo y distribuida por todas las clases sociales, es innegable que en Chile está sobredimensionada como el terremoto ha desvelado. Miedo en vez de solidaridad, represión en vez de ayuda han sido los lemas agitados por los críticos con Bachelet.
El profesor y periodista norteamericano Ken Dermota en su Chile Inédito ya estudió este fenómeno de desajuste perceptivo que tenía un claro y obvio culpable: los medios de comunicación. Toda la prensa escrita chilena (a excepción, en teoría de La Nación) es de derechas y de muy mala calidad. En verdad, no hay ningún periódico serio. El Mercurio y La Tercera hacen mal periodismo, informan mal y torticeramente y su cuerpo de noticias es reducido y sus secciones están mal diseñadas. A su lado La Razón y El Mundo son buenos y completos periódicos. Todo esto hace que las noticias de sucesos estén sobredimensionadas y suelan tener un tratamiento propio del amarillismo. Esto, a su vez, enlaza con las campañas autopromocionales de Pinochet, donde se podía contemplar a salvajes turbas urbanas atacando coches de decentes familias de clase media, así como sus negocios y establecimientos. Este imaginario colectivo, lamentablemente, ha calado en gran parte de la sociedad chilena y es compartido por muchos sectores, independientemente de su orientación política. Esto por desgracia se debe a la inacción de la Concertación, que después de ganar el referéndum se quedó sin mensaje, sin discurso, sin valores que transmitir.
Ahora, a una nueva generación de chilenos crecidos en democracia debe ser capaz de cimentar sus propios valores y dotarlos de un lenguaje nuevo que sepa comunicar nuevas visiones del ser humano, de sus necesidades y de su vida en sociedad. Una nueva generación de chilenos debe ser capaz de imaginar un mundo más amplio que las deprimentes paredes de los Mall, donde ser ciudadano no sea, simplemente, ser un consumidor con libertades y derechos restringidos.
Es una tarea ardua, tan ardua como evitar la desmembración del Estado; pero imprescindible para lograr que la autoridad pública y sus competencias no se limiten al uniforme de gendarme.
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viernes, 12 de marzo de 2010
martes, 2 de marzo de 2010
La NAZI Jaqueline van Rysselberghe
Escribo estas líneas después de saber que la mayoría de familiares y amigos de Chile se encuentran bien pese a las circunstancias. Esta pequeña alegría dentro de la tragedia no es suficiente consuelo para calmar la rabia y la indignación que producen esta catástrofe anunciada. Como señala mi colega de la UCM, Pablo Sapag M, en una columna del periódico Público de hoy, este terremoto pone a prueba el modelo de Estado de mínimos ultraliberal que en Chile ha sido un dogma intocable para todos los medios de comunicación públicos, como ya denunció hace unos años Ken Dermota en su Chile Inédito. No obstante, la crítica de ese modelo, del que han sacado tajada grandes constructoras españolas tan alabadas aquí (que confío paguen con creces por su dejadez), no es el objetivo principal de esta líneas.
Esta columna está dedicada al a impresentable alcaldesa de Concepción, Jaqueline van Rysselberghe, de la utraderechista UDI. En un estado de emergencia, el alcalde, el líder de un municipio, escogido por su propio pueblo y su máximo representante, debería haber hecho una llamada a la unidad, a la solidaridad, a la ayuda mutua… Debería haber dicho:
“Pueblo de Concepción, ante esta tragedia de proporciones históricas que nos ha dañado de forma irreparable, debemos mantener la calma y la confianza en nosotros mismos. La ayuda está en camino, el mundo entero está con nosotros y nuestro sufrimiento será atendido.
Sin embargo, la ayuda puede tardar, pasaremos horas duras en los próximos días. Pero tenemos la suerte de contar con nuestra fe inquebrantable. En estos duros momentos, debemos ser capaces de hacer los mejores y más nobles actos que jamás hayamos imaginado. Nuestras fuerzas, nuestra solidaridad, nuestra unidad y el apoyo que nos prestaremos unos a otros será el primer y valiente paso hacia nuestra recuperación.
Fueza Chile, Fuerza Concepción.”
Desafortunadamente, sus primeras palabras fueron una dura crítica a Bachelet por no traer militares que disparasen contra las peligrosas turbas de saqueadores. Su primera solicitud fueron soldados para reprimir a sus propios conciudadanos, a sus representados. Como es obvio, se trata de una actitud y comportamiento ejemplar que ha ayudado a lograr la calma entre la población.
El problema, empero, es que esta NAZI es el reflejo del miedo hacia la democracia y la libertad que Pinochet logró inocular en la sociedad chilena. Antes de la ayuda a las víctimas, ha primado la sacrosanta propiedad privada. Los carabineros, en vez de servir y proteger a la ciudadanía, tuvieron que custodiar los supermercados. Por el contrario, la autoridad pública debería haberse incautado de todos los bienes de primera necesidad que hubiese en los supermercados, sin esperar al consentimiento de sus dueños, y haber anunciado que se preparaba su distribución prioritaria a las madres solteras y familias numerosas con niños. Esto hubiese tranquilizado y hubiese reducido el supuesto saqueo al pillaje real.
Cuando en Madrid ocurrió el atentado del 11-M, todos los taxistas se prestaron a hacer de ambulancias inmediatamente. No cobraron las carreras, no cobraron por la tapicería manchada de sangre, nadie pensaba en la rentabilidad o pérdida de sus bienes... todos pensaban en ayudar. Pero Jaqueline van Rysselberghe, en estas horas difíciles, sólo puede pensar en las peligrosas turbas de asaltadores y decirlo en voz alta para que el pánico cunda más. Es más, lo más temible del futuro es que Piñera recibirá una población más atemorizada por los medios y los políticos de derechas, cuya conclusión principal será que no hacen falta mejores casas, mejores carreteras, mejores comunicaciones… la lección será que hacen falta más militares y carabineros para detener a los saqueadores cuando haya una catástrofe nacional. Habrá más Estado, pero su parte más triste y dura.
Desde aquí, toda mi solidaridad y ánimo al pueblo chileno.
Sean fuertes y valientes.
Sean ejemplo de solidaridad y superación para el mundo entero.
No dejen que el miedo propagado por la derecha les encoja el alma.
Esta columna está dedicada al a impresentable alcaldesa de Concepción, Jaqueline van Rysselberghe, de la utraderechista UDI. En un estado de emergencia, el alcalde, el líder de un municipio, escogido por su propio pueblo y su máximo representante, debería haber hecho una llamada a la unidad, a la solidaridad, a la ayuda mutua… Debería haber dicho:
“Pueblo de Concepción, ante esta tragedia de proporciones históricas que nos ha dañado de forma irreparable, debemos mantener la calma y la confianza en nosotros mismos. La ayuda está en camino, el mundo entero está con nosotros y nuestro sufrimiento será atendido.
Sin embargo, la ayuda puede tardar, pasaremos horas duras en los próximos días. Pero tenemos la suerte de contar con nuestra fe inquebrantable. En estos duros momentos, debemos ser capaces de hacer los mejores y más nobles actos que jamás hayamos imaginado. Nuestras fuerzas, nuestra solidaridad, nuestra unidad y el apoyo que nos prestaremos unos a otros será el primer y valiente paso hacia nuestra recuperación.
Fueza Chile, Fuerza Concepción.”
Desafortunadamente, sus primeras palabras fueron una dura crítica a Bachelet por no traer militares que disparasen contra las peligrosas turbas de saqueadores. Su primera solicitud fueron soldados para reprimir a sus propios conciudadanos, a sus representados. Como es obvio, se trata de una actitud y comportamiento ejemplar que ha ayudado a lograr la calma entre la población.
El problema, empero, es que esta NAZI es el reflejo del miedo hacia la democracia y la libertad que Pinochet logró inocular en la sociedad chilena. Antes de la ayuda a las víctimas, ha primado la sacrosanta propiedad privada. Los carabineros, en vez de servir y proteger a la ciudadanía, tuvieron que custodiar los supermercados. Por el contrario, la autoridad pública debería haberse incautado de todos los bienes de primera necesidad que hubiese en los supermercados, sin esperar al consentimiento de sus dueños, y haber anunciado que se preparaba su distribución prioritaria a las madres solteras y familias numerosas con niños. Esto hubiese tranquilizado y hubiese reducido el supuesto saqueo al pillaje real.
Cuando en Madrid ocurrió el atentado del 11-M, todos los taxistas se prestaron a hacer de ambulancias inmediatamente. No cobraron las carreras, no cobraron por la tapicería manchada de sangre, nadie pensaba en la rentabilidad o pérdida de sus bienes... todos pensaban en ayudar. Pero Jaqueline van Rysselberghe, en estas horas difíciles, sólo puede pensar en las peligrosas turbas de asaltadores y decirlo en voz alta para que el pánico cunda más. Es más, lo más temible del futuro es que Piñera recibirá una población más atemorizada por los medios y los políticos de derechas, cuya conclusión principal será que no hacen falta mejores casas, mejores carreteras, mejores comunicaciones… la lección será que hacen falta más militares y carabineros para detener a los saqueadores cuando haya una catástrofe nacional. Habrá más Estado, pero su parte más triste y dura.
Desde aquí, toda mi solidaridad y ánimo al pueblo chileno.
Sean fuertes y valientes.
Sean ejemplo de solidaridad y superación para el mundo entero.
No dejen que el miedo propagado por la derecha les encoja el alma.
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miércoles, 9 de diciembre de 2009
No es un concierto, es una subvención
Un concierto suele ser una experiencia agradable para cuerpo y alma sostenida por la ejecución e interpretación de unas partituras musicales a cargo de músicos avezados. Sugiere, como no, armonía, coordinación, profesionalidad, elegancia, belleza, placer, educación, sofisticación, orden...
Por esta razón, llamar colegios concertados a centros privados que reciben dinero público es una gran estrategia comercial dirigida a confundir la realidad. Se trata de empresas privadas subvencionadas y, en consecuencia, deberían llamarse colegios privados subvencionados. Por lo tanto, sería aconsejable que tanto los sindicatos profesionales de la enseñanza, los agentes sociales e, incluso la administración, los llamasen por su nombre. Independientemente de que los colegios subvencionados no suelen cumplir con las obligaciones aparejadas al dinero público que reciben. Pero para abrir este debate en la sociedad, primero es necesario saber qué es exactamente eso que llaman colegio concertado. Si recibe una subvención, debe cumplir con su respectiva contraprestación.
No son colegios concertados, son colegios subvencionados.
Por esta razón, llamar colegios concertados a centros privados que reciben dinero público es una gran estrategia comercial dirigida a confundir la realidad. Se trata de empresas privadas subvencionadas y, en consecuencia, deberían llamarse colegios privados subvencionados. Por lo tanto, sería aconsejable que tanto los sindicatos profesionales de la enseñanza, los agentes sociales e, incluso la administración, los llamasen por su nombre. Independientemente de que los colegios subvencionados no suelen cumplir con las obligaciones aparejadas al dinero público que reciben. Pero para abrir este debate en la sociedad, primero es necesario saber qué es exactamente eso que llaman colegio concertado. Si recibe una subvención, debe cumplir con su respectiva contraprestación.
No son colegios concertados, son colegios subvencionados.
martes, 16 de junio de 2009
¿Quiere usted obligar a sus hijas a tener hijos?
La posibilidad de interrumpir el embarazo sin consentimiento paterno que ofrece la próxima Ley en favor de la Maternidad Responsable a las menores de edad de 16 años ha despertado la indignada ira patriarcal de toda una legión de opinadores sobre las vidas ajenas. Esto, gracias a la habitual incapacidad comunicativa de los contertulios de la grada izquierda, ha permitido centrar el debate en unas coordenadas falaces.
El debate no reside en la legitimidad de la interrupción del embarazo, sino en el alcance de la patria potestad. ¿La patria potestad es superior a la autonomía de decisión de los hijos mayores de16 años?
Si consideramos que la patria potestad debe prevalecer sobre la libre decisión individual de los hijos, en consecuencia los padres pueden obligar a sus hijas a interrumpir el embarazo. Igualmente, deberían tener el derecho de obligar a sus hijas a tener hijos o podrían prohibir a sus hijos mayores de 16 años a tener relaciones sexuales consentidas en domicilios de terceros. Por el contrario, también tendrían potestad para forzar a sus hijos mantener relaciones sexuales con terceros. No se puede olvidar que los derechos no se vehiculan en un sólo sentido: si los padres tienen la posibilidad de prohibir, de coartar la libre voluntad de sus hijos, también de obligarlos en contra de su deseo en la dirección opuesta. Si los padres pueden impedir la aplicación de un tratamiento a sus hijos, también deben poder obligar a su hijo a seguir ese tratamiento en contra de su voluntad.
Esto, lógicamente, implicaría cambiar nuestro ordenamiento jurídico y acercarlo al de países más puritanos, hipócritas o regidos por la sharia. Asimismo, se debería reformar la Ley de Autonomía del Paciente que asignaba un espectro de decisión a los menores de 16-18 años. Por lo tanto, la campaña en contra de la nueva Ley en favor de la maternidad responsable defiende el poder absoluto de los padres respecto a sus hijas. En este punto, es donde deben ser atacados.
En primer lugar, se debe recordar que los abuelos carecen de patria potestad sobre los nietos. Los padres de la embarazada no pueden decidir sobre los futuribles nietos, porque al nacimiento de estos la patria potestad recaerá sobre la madre, no en los abuelos.
En caso contrario, ¿son ustedes partidarios de que los abuelos sean también padres de sus hijos y nietos, y defienden también que las madres sean hermanas mayores de sus hijas? ¿Ese es el modelo de familia extensa que defienden?
Después, ¿su defensa de una patria potestad férrea se expresa por igual ante hijos que hijas? ¿Cómo van a impedir la libertad de movimientos y decisión de sus hijos? ¿El Estado debe crear una policía especial que persiga a los hijos que desobedezcan a sus padres? ¿Se debe pedir el DNI a todo ciudadano que parezca menor de 18 años para comprobar que no está quebrantando la patria potestad de sus padres? ¿Cómo esperan defender ese modelo de familia? ¿Llamarán al Ayatolá Jomeini para que los oriente?
El debate no reside en la legitimidad de la interrupción del embarazo, sino en el alcance de la patria potestad. ¿La patria potestad es superior a la autonomía de decisión de los hijos mayores de16 años?
Si consideramos que la patria potestad debe prevalecer sobre la libre decisión individual de los hijos, en consecuencia los padres pueden obligar a sus hijas a interrumpir el embarazo. Igualmente, deberían tener el derecho de obligar a sus hijas a tener hijos o podrían prohibir a sus hijos mayores de 16 años a tener relaciones sexuales consentidas en domicilios de terceros. Por el contrario, también tendrían potestad para forzar a sus hijos mantener relaciones sexuales con terceros. No se puede olvidar que los derechos no se vehiculan en un sólo sentido: si los padres tienen la posibilidad de prohibir, de coartar la libre voluntad de sus hijos, también de obligarlos en contra de su deseo en la dirección opuesta. Si los padres pueden impedir la aplicación de un tratamiento a sus hijos, también deben poder obligar a su hijo a seguir ese tratamiento en contra de su voluntad.
Esto, lógicamente, implicaría cambiar nuestro ordenamiento jurídico y acercarlo al de países más puritanos, hipócritas o regidos por la sharia. Asimismo, se debería reformar la Ley de Autonomía del Paciente que asignaba un espectro de decisión a los menores de 16-18 años. Por lo tanto, la campaña en contra de la nueva Ley en favor de la maternidad responsable defiende el poder absoluto de los padres respecto a sus hijas. En este punto, es donde deben ser atacados.
En primer lugar, se debe recordar que los abuelos carecen de patria potestad sobre los nietos. Los padres de la embarazada no pueden decidir sobre los futuribles nietos, porque al nacimiento de estos la patria potestad recaerá sobre la madre, no en los abuelos.
En caso contrario, ¿son ustedes partidarios de que los abuelos sean también padres de sus hijos y nietos, y defienden también que las madres sean hermanas mayores de sus hijas? ¿Ese es el modelo de familia extensa que defienden?
Después, ¿su defensa de una patria potestad férrea se expresa por igual ante hijos que hijas? ¿Cómo van a impedir la libertad de movimientos y decisión de sus hijos? ¿El Estado debe crear una policía especial que persiga a los hijos que desobedezcan a sus padres? ¿Se debe pedir el DNI a todo ciudadano que parezca menor de 18 años para comprobar que no está quebrantando la patria potestad de sus padres? ¿Cómo esperan defender ese modelo de familia? ¿Llamarán al Ayatolá Jomeini para que los oriente?
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viernes, 12 de junio de 2009
Las palabras que funcionan
Pocas personas conocen al Dr. Frank Luntz; pero por su culpa ya no hablas del "calentamiento global", sino del "cambio climático". Gracias a su trabajo, en los últimos 15 años el Partido Republicano y la Fox habían logrado imponer la agenda política en los Estados Unidos hasta la irrupción de Obama.
Frank Luntz es experto en comunicación y trabaja según una metodología focal o de grupo pequeño: forma unidades de estudio con personas escogidas no aleatoriamente, sino según una pauta que priorice la heterogeniedad en profesiones, estudios, zonas geográficas e ideológicas. Después, estudia sus valores y principios compartidos mediante el lenguaje. Cómo llama cada uno a qué cosa. Cómo difiere el significado de un término de una persona a otra, qué palabras son comprendidas de forma más homogénea, qúé palabras provocan más afindiad y qué palabras rechazo.
De este modo, se diseña una campañá política que busque la polarización del electorado u otras con un perfil bajo que no movilice al electorado. La fórmula es de cajón, pero funciona.
Otro ejemplo terrible: "War on terror". Traducido aquí como guerra contra el terror. No se trata de una guerra contra terroristas (palabra que implica personas e ineludiblemente derechos individuales en nuestro marco conceptual y legal), no se trata de una guerra contra un país. Igualmente, nosotros somos la seguridad porque estamos contra el terror. Nos definimos por identificación negativa de nuestro enemigo y evitamos poner el foco de atención en cómo hacemos la guerra y cómo luchamos.
Si alguien tiene más interés en este sujeto, puede ver el documental: The persuaders; o leer su libro "The words that work".
Frank Luntz es experto en comunicación y trabaja según una metodología focal o de grupo pequeño: forma unidades de estudio con personas escogidas no aleatoriamente, sino según una pauta que priorice la heterogeniedad en profesiones, estudios, zonas geográficas e ideológicas. Después, estudia sus valores y principios compartidos mediante el lenguaje. Cómo llama cada uno a qué cosa. Cómo difiere el significado de un término de una persona a otra, qué palabras son comprendidas de forma más homogénea, qúé palabras provocan más afindiad y qué palabras rechazo.
De este modo, se diseña una campañá política que busque la polarización del electorado u otras con un perfil bajo que no movilice al electorado. La fórmula es de cajón, pero funciona.
Otro ejemplo terrible: "War on terror". Traducido aquí como guerra contra el terror. No se trata de una guerra contra terroristas (palabra que implica personas e ineludiblemente derechos individuales en nuestro marco conceptual y legal), no se trata de una guerra contra un país. Igualmente, nosotros somos la seguridad porque estamos contra el terror. Nos definimos por identificación negativa de nuestro enemigo y evitamos poner el foco de atención en cómo hacemos la guerra y cómo luchamos.
Si alguien tiene más interés en este sujeto, puede ver el documental: The persuaders; o leer su libro "The words that work".
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